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Los primeros años del Círculo Pacense

          La sociedad cultural y recreativa que hoy constituye el Círculo Pacense halla sus orígenes en aquel Centro Obrero que establecido en 1892, constituyó uno de los primeros núcleos del asociacionismo obrero de la ciudad de Badajoz.

         Desde el momento mismo de su fundación manifestó éste un marcado carácter educativo y de ayuda mutua, en la medida en que su finalidad era la de instruir a la clase trabajadora y socorrerla en sus necesidades económicas. Sin embargo, su condición obrera no estuvo acompañada de una defensa partidista de sus intereses de clase, puesto que en sus principios fundacionales se declaraba independiente de cualquier ideología política como, por otra parte, declaraba también su aconfesionalidad religiosa. No obstante, el periódico La Región que se hizo eco de las actividades del Centro Obrero, lo consideraba de ideología republicana, aunque reconocía que en él no estaba permitido hacer política expresa.

       La primera Junta directiva de la que tenemos noticias salió elegida en la asamblea general celebrada en octubre de 1894, de la que resultó la siguiente conformación: Eduardo Domínguez, presidente; Benito Ferrer, vicepresidente; Vicente Ruiz, secretario primero; Cándido Yerto, secretario segundo; Francisco Durán, contador; Manuel Cáceres, tesorero; Juan Reino, Andrés Trujillo, Miguel Blanco y Pedro Macías, vocales.

         En aquella asamblea se discutió también cuál debía ser la cuota que habían de pagar sus asociados, estableciéndose ésta en 1 peseta, a pesar de que un sector de la asamblea opinaba que dada la situación económica de la clase obrera, la cuota no debía exceder de 50 céntimos. La decisión de lograr una holgura económica a base de las aportaciones de los asociados podría explicarse por el afán de éstos, y quizá su cautela, a la hora de preservar su independencia de las instituciones. Vendría a corroborar esta idea una circunstancia que no parece casual. Es el caso que el 1º de mayo de 1898 el Centro Obrero celebró una velada conmemorativa del día del trabajo y acto seguido, exactamente en el mes de agosto, el Ayuntamiento de Badajoz le retiró la subvención que le había concedido. No podemos precisar si en esta circunstancia hubo relación de causa efecto, lo que sí evidenciaba era la importancia que tenía para la institución alcanzar su autonomía económica. No en vano, su Reglamento expresaba como principio fundacional que el ahorro colectivo era el medio más eficaz para que la clase obrera mejorara su situación económica
        
Y hay datos que ponen de manifiesto el rápido avance asociacionista de la institución. Así, en 1899, un año después de que el Consistorio pacense le retirara la subvención, el Centro Obrero que hasta entonces había tenido su sede en la calle Hernán Cortés, se trasladaba a la calle Doctor Lobato, nº 7, pues el anterior local resultaba insuficiente para acoger a sus 260 asociados. A aquellas alturas, esta organización obrera tenía ya establecida una cooperativa de consumo -que habría de disolverse en 1905- y una caja de ahorros a la que recurrían sus miembros para escapar a la usura de las entidades bancarias.
         El carácter instructivo que asimismo se hallaba en los principios fundacionales del Centro Obrero  tenía como base la certeza de que la instrucción es el camino más idóneo para que el ser humano, y por ende la clase obrera, perfeccione su calidad moral. A tal fin, ya a comienzos del siglo XX y como uno de los pilares del la institución, funcionaba de octubre a junio una escuela nocturna para niños y adultos. Igualmente se organizaban conferencias sobre literatura y arte -más tarde también sobre cine-, que les eran encomendadas a personalidades de reconocido saber en la ciudad. Como complemento indispensable para esta labor instructiva se creó una biblioteca, cuyo fondo se formó sobre todo a partir de donaciones hechas por otras instituciones -la Real Sociedad Económica de Amigos del País, por ejemplo- o por donaciones de ciudadanos particulares, como el pintor Adelardo Covarsí o el novelista Antonio Reyes Huertas. En la biblioteca además podía consultarse toda la prensa diaria que se editaba en Badajoz, sin excluir tendencia alguna.
        
Otro de los fines primordiales del Centro Obrero  lo constituía el auxilio de sus asociados, en caso de enfermedad, y la atención a la familia, en caso de fallecimiento del socio. Para ello se estableció la gestión de un Socorro, del que tenemos constancia al menos a comienzos del siglo XX. Sabemos asimismo que para ser atendido en dicho Socorro, el asociado debía adjuntar a su solicitud la certificación del médico-inspector, función que a partir de 1914 recayó en el ilustre médico pacense don Narciso Vázquez Lemus, reconocido activista republicano, ateneísta y masón.
         Finalmente, el sano esparcimiento no cayó en el olvido de una sociedad cuyo fin era proporcionar la mejora en la calidad de vida de la clase obrera. Ese era el sentido que tenían las llamadas “reuniones de confianza” de los asociados, celebradas dos veces al mes. Éstas se completaban con otras “reuniones de confianza” que incluían sesiones de baile y coincidían con las fechas de los carnavales y las ferias, en aquellos años celebradas durante los meses de mayo y agosto.
        
Terminaremos estos apuntes preliminares a la historia del actual Círculo Pacense, destacando que para poder pertenecer al Centro Obrero eran requisitos indispensables ser un honrado asalariado, observar una conducta intachable y que la solicitud de ingreso fuera aprobada por la Junta Directiva del momento, en votación secreta.
        
El Centro Obrero, pues, dio el salto al siglo XX como una institución consolidada. Sin embargo, es seguro que sus fundadores no auguraban para aquella sociedad una historia tan dilatada que habría de saltar incluso hasta el siglo XXI. Tampoco supondrían que habría de arrostrar los cruentos avatares que marcaron a sangre y fuego la centuria entonces inaugurada, ni que habría de vencer sobre los dioses bastardos de la especulación y el lucro que se enriscaron en ella. A lo largo del siglo XX, pues, han pasado por esta institución generaciones de socios que han dejado la impronta de sus principios éticos y estéticos; unas veces acordes, otras en subversión, a los imperativos ideológicos de su tiempo. Todos se han ido yendo.
        
Hoy corre el año 2010, el Centro Obrero se ha convertido en la sociedad cultural y recreativa Círculo Pacense. Hay nuevos miembros, nuevas necesidades sociales, nuevos principios éticos y estéticos; todo ello, ideas y personas, seguirán yéndose con el devenir de la Historia. Sin embargo, es posible que el Círculo Pacense permanezca erguido si sus socios actuales persiguen la honradez, la generosidad y el trabajo silencioso del que dieron lección las generaciones que lo fundaron.  

Badajoz, 12 de marzo de 2010

© Isabel Mª Pérez González